lunes, 13 de junio de 2011

La hemorragia del Azote de Dios




- Si existe un nombre en la Antigüedad, cuya sola mención aterrorizó hasta la desesperación a sus contemporáneos, ese fue el de Atila. Guerrero de obediencia irreflexiva a sus instintos más primarios, perteneciente a una estirpe de hombres – los hunos – cuya actitud y aspecto fiero se labró por siglos de costumbres bárbaras, que hicieron de la guerra su razón y medio de vida, sin dejar alguna estela cultural que merezca recordarse. El Azote de Dios tuvo más que merecido el sobrenombre.
- El miedo a los hunos pudo ser un poderoso motivo que inspiró a levantar la colosal muralla china, lo que de paso obligó a estos, a orientarse hacia Europa con su sed de devastación que saciaron primero en tierras del imperio romano de oriente, y en ese camino también supieron dolorosamente de ellos, los propios bárbaros alanos, germanos, estitas, visigodos y ostrogodos. Primero marcharon bajo liderazgo de jefes como Turda, Rugila y finalmente el más célebre de todos: Atila. Sobre este pueblo se contaban leyendas de las más inverosímiles sobre sus hábitos alimenticios, rutinas, vestimentas, higiene, tradiciones, su adoración por los muertos, etc. todas las historias tenían en común el sello de una inaudita crueldad.
- El futuro conquistador queda huérfano a temprana edad por lo que es educado por su tío Rugila, y curiosamente – siguiendo una costumbre de la época – es enviado a pasar un tiempo a educarse en Roma – la ciudad a la cual un día haría temblar – aprendiendo secretos de ella en todos sus aspectos. A los 18 años se desposa con alguna mujer, y obviamente las mujeres gozaban de un aprecio ínfimo en esos tiempos y más aún en esas tribus, donde se les podía poseer por centenares y procrear con ellas hijos en cantidades agroindustriales. Es más las hijas no entraban en el recuento de la prole, ellas no perpetuaban el linaje y no protagonizaban hazañas rapiñescas que contar.
- Cuando llega el momento de tomar las riendas de ese multitudinario pueblo, debe compartir el poder con Bleda, de quien no tarda en deshacerse arteramente a la usanza antigua, además muestra tempranamente en las negociaciones con los enemigos, su temple diplomático imponiendo tributos leoninos al ya sumiso imperio romano de oriente, a los que de paso obliga a no aliarse con tribus enemigas de los hunos, para no ser atacados. Luego de enviar a Bleda a mejor vida, urde una treta legendaria por la que convenció a los hunos de haber hallado la espada del dios Marte, ganándose así hasta el fanatismo a sus supersticiosos súbditos y podía entonces reinar seguro. Logra unificar a las dispersas tribus de hunos y así, ya formaba un ejército temible para el imperio de occidente y decide a lanzarse en gira por Europa, Italia, Suiza y las Galias, los que conocerían de su salvajismo homicida, pero cuando estaba por saludar personalmente París, por algún motivo viró hacia Orleáns, pero en París creen que este cambio de rumbo se debe los rezos que una tal Genoveva quien hizo rezar a la población por algunos días y por ese “milagro” ésta gana un lugar en el podio como Santa Genoveva; pero Orleáns y los pueblos en su camino si, no se salvaron de la matanza. Pero si Aníbal tuvo a su Escipión africano y Napoleón al Duque de Wellington como hormas de zapato, en esa campaña Atila se topa con el talento del también huno, Aecio quien comandaba las tropas romanas y quien apoyado por los visigodos y francos vence a Atila en los Campos Cataláunicos en lo que fue el último gran triunfo épico romano. Aecio, por piedad o cálculo, lo deja huir y Atila se restablece en su cuartel en Colonia y planea vengarse con una nueva expedición e Italia.
- Llegado ese momento, en el año 452, el otrora salvador, Aecio y muchas legiones estaban lejos de Italia, y poco o nada se interponía entre el azote de Dios y la ciudad, los hunos avanzaban regando la muerte y todo ser vivo que se sabía en su ruta huía, de ellos un grupo de ellos se asienta en una zona pantanosa y funda Venecia. Para el 3 de julio, millares de esos salvajes bajo mando de Atila, estaban ante los muros de Roma y era cuestión de tiempo el arrasarla; el emperador ya se había puesto a buen recaudo y los habitantes dudaban entre luchar o dejar la ciudad – que parecía lo más sensato – y hasta que ocurre la histórica embajada papal de León I quien ocupaba el solio vaticano por entonces. La primitiva superstición del jefe huno y su codicia no tardaría en jugar su papel. Se ignora explícitamente el contenido de la entrevista que tuvo lugar el 4 de julio 452, se dice que Atila tuvo gran curiosidad de conocer a ese personaje religioso monoteísta con nombre de animal – esto último, los hunos respetaban mucho –, pero cabe especular sobre lo que trataron, es fácil de imaginar al papa advirtiéndole eso sí, prudentemente de los castigos a que se exponía por saquear Roma la ciudad sagrada, pero el principal argumento debió ser ofrecimiento de un inmenso tesoro y la promesa de generosos tributos anuales. Atila decide dar media vuelta sin saquear Roma, León I regresa a la ciudad con la buena nueva y es elevado a categoría heroica. Otro motivo especulado de esa repentina decisión es que en ese entonces Roma sufría una epidemia de malaria originada en la región pantanosa que la rodeaba.
- Para 453, entre una de sus campañas depredadoras se topa con los bactrianos – una tribu indo-griega – y toma un grupo de prisioneros como era menester. Se cuenta que cuando estaba a punto de matar por espada a uno de sus príncipes, escuchó una voz femenina de súplica clamando piedad, era la hija del príncipe que estaba a punto de matar y se llamaba Ilico Atila al verla quedó fascinado por la belleza de la joven y luego de indagar que aún no había sido violada – sus esbirros calculaban pedir por ella un buen rescate – decide que se casaría con ella. Un pequeño detalle era que según sus usos, para casarse con una niña así, hija de un príncipe, había que matar al príncipe, por que los hunos acostumbran entre sus reglas de cortesía bárbara, matar al rey o príncipe gobernante, y luego, como gesto de gratitud, se casaban con sus mujeres ó hijas de éstos. No fue problema matarlo; Ilico vio la escena y destrozada acepta su destino. Se organiza la boda donde como era de esperar, los hunos bebieron hasta la embriaguez absoluta. Ilico, había perdido a su padre y 2 hermanos, pero debía tener entereza y cumplir su papel de esposa.
- Atila tenía ya 58 años y se dice arrastraba algunos males de tiempo atrás, sufría frecuentes hemorragias tal vez nasales o por hematemesis, que le dejaban casi desvanecido, y justo en esa noche de bodas, después de haber bebido hasta la saciedad, completamente ebrio por litros por alcohol, sufre una terrible hemorragia y muere ahogado en su propia sangre y se dice ni siquiera pudo consumar el matrimonio.
- La naturaleza de las fuentes, no puede asegurar con seguridad si la hemorragia fatal tuvo como fuente la nariz, pulmones o aparato digestivo. La muerte por epistaxis es excepcional, y no parece haber datos que indiquen una neumopatía importante previa, pero sí que Atila era buen bebedor, por lo que la probabilidad de una mortal hemorragia digestiva masiva es coherente, sobre todo por varices esofágicas sino por úlcera péptica. Otras posibilidades son un desgarro esofágico Mallory Weiss o coagulopatía por daño hepático alcohólico. Más aún, es coherente pensarlo luego de una celebración como un banquete de boda. Lo que la espada de algún guerrero no pudo lograr en un campo de batalla, lo consumó una hemorragia visceral.
- A la mañana siguiente, sus hombres que fueron a buscarlo lo encuentran inerte bañado en su sangre; Ilico temblaba de miedo escondida tras unas pieles. Alguien quiso matarla pero otros abogaron por ella, conocedores del mal que ya sufría Atila y le dejan viva. Las tribus no tardan en perder la brújula sin este vital líder, los germanos los vencen y se dividen, El hijo de Atila muere enseguida y las derrotas se suceden. Su numerosa descendencia no estaba apta para mantener el poderío del imperio. Las leyendas sobre su entierro son románticas y hablan de ataúdes uno dentro de otro y soldados que juraron no revelar el sitio y que se suicidaron para garantizar ese silencio después de enterrarlo.